septiembre 10, 2025
El salmista le habló a su alma: «¿Por qué te abates, oh alma mía?». Aquí es donde usted debe tomar el control. Debe mirar su alma de frente y decirle: «Alma, ¿por qué te sientes así?». Debe mirar hacia adentro y analizar su corazón. ¿Por qué está deprimido?
Tal vez ha perdido a un ser querido, tal vez fue un hijo; tal vez fue su cónyuge. Si ha perdido a alguien que amaba, derrame su dolor delante de Dios. Pida a sus amigos que le ayuden a llevar esa carga y recuerde que su vida no ha terminado. Sea cual sea la causa, rehúse quedarse estancado, dándole vueltas al mismo pensamiento una y otra vez. Eso no le hará ningún bien. Si ha pasado por una desilusión o una pérdida amorosa, reflexione sobre lo que ha aprendido de esa experiencia, y busque desarrollar nuevas relaciones.
Tal vez ha pecado o ha cometido un error grave, y está siendo atormentado por el fantasma de la culpa. ¿Qué debe hacer? Confiéselo a Dios. Si necesita confesarlo a otra persona y pedir perdón, hágalo. Si puede hacer restitución, hágalo. Haga lo correcto, y luego cierre esa puerta. Analice. Mire su corazón. Pregúntese: «¿Por qué estoy abatido?».
¿Cuáles son algunas de las cosas que le han hecho sentirse abatido?
¿A dónde suele acudir cuando se siente así?
Comparta con alguien un momento en el que Dios obró en su vida mientras usted se encontraba abatido.
© Devocional de los mensajes del Dr. Adrián Rogers - Ministerio www.ELAmorQueVale.org - Love Worth Finding www.LWF.org
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