septiembre 16, 2025
Yo comienzo mi día levantando mis manos en señal de alabanza a Dios y diciendo: «Dios, te doy gracias por Jesús. Jesús, gracias por haberte entregado por mí». Esa es la sangre que salva. Luego levanto mis manos y digo: «Gracias, Jesús, por haberte entregado a mí». Esa es la sangre compartida. Y después levanto mis manos en rendición y digo: «Ahora, Señor, vive tu vida a través de mí. Hoy soy completamente tuyo». Él no me perdonó simplemente para luego decirme: «Muy bien, Adrián, ahora te toca a ti». Él se entregó por nosotros para luego entregarse a nosotros y, así, vivir Su vida a través de nosotros.
De la misma manera que usted sobrevive gracias a la sangre que corre ahora mismo por su cuerpo, la sangre de Jesucristo —la vida misma de Dios— fluye a través de Su Iglesia. Es la sangre la que limpia. No solo nos limpió; nos limpia continuamente, día tras día.
¿Cuándo ha intentado vivir la vida bajo sus propios términos? ¿Cómo fue esa experiencia?
¿Cómo se recuerda a diario que debe rendirse a Cristo?
Adopte una práctica como la descrita hoy para recordarse cada mañana que Dios quiere vivir Su propósito a través de usted.
© Devocional de los mensajes del Dr. Adrián Rogers - Ministerio www.ELAmorQueVale.org - Love Worth Finding www.LWF.org
© Derechos de Autor https://eaqv.lwf.org/acerca-de... Prohibida la producción o reproducción para uso comercial o venta.
⟶ Descargue nuestra aplicación o App «My LWF» y edifíquese en español.